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No critique por criticar

Muchos de los mejores recuerdos que guardo de familiares y amigos es de cuando salimos a pasear, a disfrutar de nosotros y el proceso de elegir un lugar para comer. Al final parábamos en un lugar, casi sin elegirlo. Meramente nos sentábamos en el que más nos gustara la decoración, los aromas, si se veía concurrido o vacío, si tenía buena onda el lugar o hasta por si nos gustaba la música.

Una vez sentados todo era una sorpresa. Desde el menú hasta ver el plato terminado en nuestra mesa. Pero lo más importante siempre era pasarlo bien y divertirnos, con buenas charlas, chistes y a veces discusiones o peleas entre unos u otros. Casi nunca el recuerdo de la noche terminaba siendo lo que comíamos, ni el servicio. A veces ni recordamos el nombre del restaurante.

¿Y a qué voy con esto?

Es posible que ya no estemos disfrutando tanto la experiencia. En estos tiempos ya nadie escucha a nadie si no te lo dicen por las redes sociales. Y las opiniones y sugerencias de dónde ir no son resultado ya de la aventura sino de una crítica en TripAdvisor o en Yelp.

Y escuchamos y hacemos caso de recomendaciones que da gente que uno no conoce. No sabemos sus gustos, sus edades, su capacidad de pagar una cuenta, el humor que tienen, su actitud, si tienen ganas de vivir, si están amargados, si tienen prejuicios.

¿Por qué uno confía tanto en estas críticas que a veces son muy buenas, otras veces no tanto y algunas veces son malísimas?

¿Por qué le damos derecho a personas que no conocemos y a veces no son ni capaces de dirigir sus vidas a juzgar y a elegir un establecimiento por uno?

No sé. Yo soy más aventurero. Me gusta ir donde el viento me lleve, a comer en cualquier lugar. Si la comida o el servicio está bueno se lo dejo saber al mesero, le agradezco además con el verdadero “gracias” a un mesero, que es con la propina y muchas veces con una felicitación personal a los cocineros.

Si algo estuvo mal simplemente con no volver tengo y sigo con mi vida tranquilamente. Y ¿por qué no? Feliz por poder darme algunos gustitos.

Como chef de restaurante y como alguien que ha hecho su carrera en las cocinas, a veces me frustra ver que la gente no disfruta el proceso. Los veo pegados al teléfono, posteando dónde están y con quién, tomando fotos. Y en vez de tener una charla, pendientes a cuántos “likes” tiene su foto.

Y aún más frustrante es ver a veces la malicia con que algunos hacen “reviews” de restaurantes, ¡y que la gente les haga caso! Haga el ejercicio. Lea algunos reviews. Quizás nadie le hable del término de la carne, pero puede leer quejas como que no tienen estacionamiento, que el aire acondicionado estaba muy frío o que no tienen aire, que la música está muy alta o muy baja, que estaba “overpriced”, o que estaba bueno pero a mi esposa no le gustó o que hasta la cara del mesero, no era muy agradable. ¿Qué es esto?

También están los que dan críticas terribles a restaurantes que son indiscutiblemente buenísimos y a veces uno se pregunta con qué derecho. A veces esos reviews son retratos de total ignorancia. Y uno tiene que sonreír y explicar. O sonreír y resignarse.

Una vez, mientras era chef de un restaurante italiano en el Viejo San Juan, me devolvieron un pedazo de carne y yo fui a la mesa preocupado, porque quería saber la razón por la que mi cliente no estaba satisfecho. ¿Sabe qué razón me dio? Que me la devolvía porque la carne no estaba “al dente”. Y yo miraba su orden a ver qué pasta tenía que no había salido al dente, pero no, ella se refería a la carne. Sonreí. Espero que la haya encontrado alguna vez.

La gente debe entender que para llevar un plato a la mesa se deben cumplir muchísimos factores. Que tener un plato ante sí depende de una larga cadena de personas, desde el suplidor, la que toma la orden, el cocinero que limpia nuestro alimento, el que hace la preparación, el que confecciona el plato y aquella que lleva el plato a la mesa.

En cualquiera de estos puntos puede haber errores y se toma cuidado para que llegue a usted de la mejor manera que los cocineros sabemos hacerlo.

Deben entender también el sacrificio que hacen los cocineros, que aparte de mal pagos, sufren el tiempo lejos de la familia en días especiales, el calor de las cocinas, el estar parados tantas horas sin importar si están cansados o enfermos, enfrentando el trabajo bajo presión siempre. Aún así, logamos poner mucho amor en lo que hacemos para que usted reciba un producto de calidad.

Quede claro que no recomiendo que no sea exigente. Me queda claro a mí que usted está pagando, pero espero que pueda seguir este consejo: Haga de su salida a comer una verdadera experiencia. Trate de disfrutar cuando salga; disfrute de la compañía; deje el teléfono un rato; esté contento de que puede salir a darse un gustito en momentos cuando la economía no está tan buena; y sea amable con todos los responsables de su experiencia.

¡Buen provecho!

Chef Mariano Soto / Para MPRnoticias
Chef Mariano Soto / Para MPRnoticias
Twitter @ChefMarianoSoto

4 thoughts on “No critique por criticar”

  1. Totalmente de acuerdo, soy una gran gozadora de las experiencias culinarias, a veces la obsesión de las personas con sus celulares nos los deja conectarse con los lindos momento de la visa y unos de ellos en comer!

  2. Totalmente de acuerdo, soy una gran gozadora de las experiencias culinarias, a veces la obsesión de las personas con sus celulares nos los deja conectarse con los lindos momento de la vida y unos de ellos en comer!

  3. La verdad es que crítica es igual a subjetividad.
    Todo se vale.
    Yo aprendí a valorar esto, y te lo agradezco a ti.

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