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Lucecita derrocha con su voz su patriótica intensa solidaridad

San Juan, 11 feb (INS).- No en balde a Lucecita Benítez se le reconoce como La voz nacional de Puerto Rico, porque cada presentación suya, como lo demostró en la noche del sábado en el Centro de Bellas Artes de San Juan, no sólo es un derroche de lirismo, sino un compromiso de solidaridad patriótica.

Al marcar el reinicio de las actividades, después del ciclón María, de la Sala de Festivales con su espectáculo “Traigo un pueblo en mi voz II”, Lucecita consiguió elevar al auditorio a otros niveles con sus canciones de amor, de reafirmación patria y de compromiso social, que le han ganado el respeto incondicional del público.

Esta sembradora de esperanza —a partir de la lucha a que están llamados los hombres y mujeres comprometidos en superar las injusticias— estuvo por dos horas inyectando a la repleta Sala de Festivales del Centro de Bellas Artes la ilusión de la vida más allá de las vicisitudes cotidianas.

El concierto, para el cual se abrió una tercera función el domingo 4 de marzo a las 6:00 de la tarde, ya que se vendió la segunda del próximo 18 de febrero, trajo al público esas canciones que le han acompañado a lo largo de su carrera.

El espectáculo abrió con la proyección en una pantalla del caluroso recibimiento que se hizo en 1969 en el aeropuerto internacional de Isla Verde cuando Lucecita Benítez arribó al país después de ganar en México el Festival Latinoamericano de la Canción con la composición “Génesis”, de Guillermo Venegas Lloveras.

De inmediato, su voz llenó la sala con “Distancia”, de Alberto Cortez, para dar paso a una inmensa noche durante la que mantuvo cautivado a un auditorio esencialmente adulto mayor, perteneciente probablemente a su primera camada de seguidores, que la premió puesto de pie con sus aplausos y gritos de “¡Bravo, bravo!”, que sentaron la pauta a lo largo de las 20 canciones que ofreció acompañada de una orquesta integrada por excelentes músicos bajo la dirección del maestro Ito Serrano y un coro mixto de tres voces.

A la interpretación de esta composición siguió “Minero soy” (Atahualpa Yupanqui) y, al finalizarla, la aclamada intérprete dio la bienvenida al público para expresarle que “si algo vinieron a buscar aquí, espero que se vayan con lo que vinieron a buscar”.

Su potente voz pasó por “El payador perseguido” (Atahualpa Yupanqui), “Gurisito” (Daniel Viglietti), “El diablo” y “Te digo hermano” (César Isella) antes de llegar a la intensamente tierna “Alfonsina y el mar” (Ariel Ramírez).

“Hay muchos que hablan de cambio, pero no quieren cambiar”, dijo la aclamada vocalista para arrancar carcajadas y aplausos de la gente.

Luego, Lucecita Benítez —impecable en un diseño de Carlota Alfaro— prosiguió con “Cuando tenga la tierra” (Daniel Toro/Ariel Petrocelli), “Mi país” (Alberto Cortez) y “Plegaria de un labrador” (Víctor Jara) con toda su carga de emotiva lucha, que dio paso a un intermedio.

En la segunda parte del espectáculo, luego de un corto intermedio, Lucecita trajo un repertorio más criollo que comenzó con “Soy de una raza pura” (David Ortiz Angleró), “Le lo lai” (Pepe Castillo), “Las manos del campo”, que contó inspiró a Antonio Cabán Vale ver a un niño labrando la tierra, y “Amanecer borincano” (Alberto Carrión).

“Los temas que estoy cantando tienen todo; me he quedado sorprendida de que vamos a hacer una tercera función”, anunció Lucecita, quien aprovechó el concierto para mostrar el Grammy Latino que le otorgaron por su trayectoria.

La cantante expresó que “tenemos que llenarnos de paciencia y aprender a defendernos. No me hables de los jodidos bolsillos, parece que todos estamos en un bolsillo”, dijo en abierta crítica a la falta de energía eléctrica en el país desde la devastación ocasionada por el huracán María el pasado 20 de septiembre.

Como parte de sus comentarios en torno a la producción de Rafo Muñiz, aprovechó para hablar de una silla muy particular con una estrella en el espaldar, como parte del diseño escenográfico del arquitecto Jaime Cobas y la colaboración de su colega Pedro Cabezas, con luces de Quique Benet y sonido de Wichie.

“Estoy feliz de que ustedes hayan llegado a esta sala; vamos a llevarlos a puerto seguro, porque el barco de Puerto Rico está a la deriva y sin capitán, y aquí hay capitán”, expresó la cantante arrancando aplausos.

Prosiguió con “Triunfo agrario” (Alfredo Zitarrosa), “Unicornio azul” (Silvio Rodríguez), “Si tan solo un instante” (Alberto Carrión) y “Traigo un pueblo en mi voz” (Mercedes Sosa), momento en que bajó una bandera de Puerto Rico electrónica con una estrella lumínica, como antes había ocurrido con otra estrella gigante que marcaron la identidad patria.

El cierre se produjo con “Oubao Moin” (Juan Antonio Corretjer) y, luego de una falsa despedida, “Génesis”, que marcó el comienzo de su glorioso recorrido por los escenarios que su pueblo ha sabido valorar. INS