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Saxofonista Edgar Abraham reitera su talento en su nuevo disco

San Juan, 30 mar (INS).- La canción Olokún, que se encuentra en el reciente disco de Edgar Abraham –Caribe– merece por su cuenta ser la canción tema de alguna película del notorio personaje Phillip Marlowe, un detective privado con muchas capas de sentimientos y moralidades creado por el novelista Raymond Chandler.

Así es la música del saxofonista alto, una serie de capas que se van develando a medida que uno escucha cada tema, desde el primero La Marea, y el segundo Daddys Trumpet, un homenaje a su padre Edgar Marrero, trompetista de primera y quien ocupó la silla de primera viola en la sinfónica, luego que aprendiera a tocarla ¡a los 20 años de edad! Lo que se hereda no se hurta. Abraham tiene un talento envidiable para la ejecución de varios instrumentos, para la orquestación y ciertamente para la composición.
El concierto de presentación del disco Caribe, nada menos que en el Bori, en Río Piedras este pasado martes, no decepcionó a nadie. Sabemos que muchas bandas resienten tocar en vivo pues el estudio les ofrece el control necesario para la ejecución de todos sus sonidos. No offense. A mi me gusta la música de estudio. En Abraham, sin embargo, la música en vivo y la música de estudio, sin ser dos cosas ajenas la una de la otra, ofrecen experiencias distintas y necesarias.

Estas dos composiciones ya mencionadas, junto con el tercer tema, Dame un beso (de sol), mantienen una sólida unidad de jazz latino, de gran control en los soneos, lo que de hecho me parece una cualidad de primera en un virtuoso como Abraham, que no abruma con una digitación asombrosa y cansina, sino que va goteando sus escalas cuando requiere avanzar el ritmo o el sentimiento.

El tono de su saxofón es muy bueno y consistente. No vi en su presentación en vivo que fallara notas o quedaran ocultas. Al contrario, cada nota que toca se escucha claramente, no se deslizan unas sobre otras ni se tropiezan.

Ves melodía y sonido vanguardista danzando en esos soneos, en sus composiciones. Lo que me hace prefigurar que ya requiere este compositor, de una sólida educación musical (es profesor en el Conservatorio de Música), una orquesta bien grande que se rinda al sonido vanguardista que se asoma en muchas composiciones. Una gran y larga pieza musical.

Las piezas La Wawa, y Guaguancó, cuarta y quinta del disco, igualmente mantienen una unidad sonora de jazz latino pero que ya va acentuando lo latino.

Ese progreso en la acentuación es interrumpido de golpe con Olokún, esa pieza que, como dije, merece estar en el mejor film noir que se pueda hacer. Es fácil identificar en la pieza las sombras, los claroscuros, alguna esquina peligrosa, un acontecimiento vertiginoso, el brillo de algún bumper de auto al pasar con rapidez, y alguien adentro que posiblemente se nos quede mirando, y sobre todo su simple leitmotiv, que insinúa que algo muy grave ocurrirá pronto. Nos recuerda la noche esta pieza y sus peligros.

En una de las últimas dos piezas –La nena del barrio mío- se alude a Los Cachimbos, en homenaje a Maelo el incomprendido. El sonido general de la pieza es el verdadero homenaje, que canta precisamente Edgar Abraham, con coro de Emanuel Rivera y Tanisha López.

Por cierto, es Tanisha la que abre Olokún, y su voz extraordinaria es la que nos sitúa en el ambiente que irá desarrollando la pieza.

Con Para ti concluye Abraham, de 38 años de edad, el ofrecimiento musical de su disco número 20. Esta es una pieza musical que nos embelesaría escucharla en Z-93 o Salsoul porque es una aportación al género.

La producción de Caribe corre a cargo de Sangre Fría Studios, del propio Abraham, así como son suyos todos los temas. Tiene varios invitados de primera en su disco, aunque en algunas piezas él toca todos los instrumentos, excepto las congas, y es el cantante principal.

La increíble foto de la carátula del disco es de Doel Vázquez, gran fotógrafo conocido por todos en los medios, quien al momento en que hacía el tiro un muchacho se lanzaba al agua y le dio una dimensión a la foto insospechada, pero, como dice el proverbio, la inspiración solo llega trabajando. INS